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El tiempo de las víctimas

En el Chaco comenzó un juicio en el que se acusa a una octogenaria de haber sido cómplice de los abusos sexuales cometidos por su marido fallecido, un diputado, contra dos nenas de 3 y 5 años en la década de los '80. Se aplicó la ley de suspensión de la prescriptiblidad, en respeto a lo complejo que el delito representa para los niños. Rosalía Alvarado (46) y Belén Duet (39), lograron dar respuesta a un calvario que arrastraron toda su vida. Es el proceso más antiguo de la historia. El desgarrador testimonio a MundoNews de las dos mujeres.


Por Gabriel Michi

Belén Duet (izquierda) y Rosalía Alvarado (derecha) debieron esperar mucho tiempo para que la Justicia actúe.

"La procesión va por dentro", dice el refrán popular. Ese "dentro" que significa un dolor que carcome las almas desde lo más profundo. Y que mezcla sentimientos de todo tipo: incomprensión, desasosiego, confusión, dolor, bronca y hasta un demoledor y traicionero sentir que se asemeja a la culpa. Cuando en realidad son las víctimas. Víctimas inocentes que en su más cándida infancia son acechadas por los más perversos. Eso se traduce en silencio. En parálisis. En sufrimiento. Un sufrimiento que se extiende por años de la mano del miedo. Eso es lo que viven los niños y niñas que son víctimas de abusos sexuales.


Ese silencio de los inocentes terminó significando un pase a la impunidad de esos adultos pervertidos. Sumado a actitudes de las sociedades que por años se dedicaron a ningunear lo que esas infancias podían "denunciar", a su manera, ya que lo consideraban como parte de sus "fantasías". Y ese triste paradigma ni siquiera se cuestionaba cómo un niño o una niña podían llegar a "imaginar" algo que no conocían. Algo que no entendían. Ese "descrédito" social encima se agravaba si el victimario era -a los ojos de esa propia sociedad- una persona "respetable" o, simplemente, con poder.


Ese combo letal para la niñez abusada generó por décadas, por siglos, que el tiempo corriese en su contra. Y que cuando, ya adultos, comprendían la brutalidad de la que habían sido víctimas, poco había por hacer. El tiempo, el maldito paso del tiempo, le generaba una carta de impunidad a sus abusadores. Los delitos "ya habían prescripto". Y esos delincuentes sexuales de la peor calaña no sólo podían salir indemnes de los procesos judiciales sino que incluso en muchas ocasiones ni siquiera se iniciaba la investigación por el paso del tiempo. Encima podían estar al acecho de nuevas víctimas.


Pero algo está cambiando en la Argentina. A partir de la sanción, en 2015, de la Ley 27.206 se decidió suspender la prescriptibilidad de los delitos de abuso sexual contra la infancia, entendiendo lo difícil que resulta para los niños y niñas poder interpretar y denunciar el infierno que habían vivido, un proceso que puede llevar años, décadas, y que quizás recién en la vida adulta logren concretarlo. Es el "respeto al tiempo de las víctimas".


Belén y Rosalía estuvieron acompañadas por distintos colectivos de mujeres que las apoyaron en su lucha.

Y allí es donde entra en juego esta historia. En la provincia de Chaco comenzó esta semana un juicio histórico. Histórico por muchos motivos. Pero uno en especial: Los abusos denunciados por las dos víctimas tienen un anclaje hace más de 35 años, a mediados de la década del '80, cuando Rosalía Alvarado (46) y Belén Duet (39), tenían apenas 5 y 3 años, respectivamente. Y es histórico también porque abre las puertas para que muchas otras víctimas que no pudieron en su momento denunciar esos delitos, se animen a hacerlo, sabiendo que la Justicia les tiene que hacer lugar y actuar, aunque ya la infancia haya quedado atrás hace tiempo.


En este juicio está sentada en el banquillo de los acusados Noemí Alvarado (80), tía de Rosalía y viuda del gran ausente en este proceso: el ex diputado nacional justicialista por Chaco, Daniel Pecci, fallecido en 2018. La mujer está señalada por las víctimas como cómplice y coautora de las vejaciones a las que fueron sometidas cuando eran pequeñas.


Como era de esperarse, Noemí Alvarado negó todos los cargos en su contra. “Todos los hechos denunciados en mi contra por Rosalía y Belén son falsos, no ocurrieron jamás”, dijo en el Tribunal chaqueño que lleva adelante el proceso, que se realiza parte en forma presencial y parte en forma virtual. Los abusos que denuncian las víctimas se sitúan entre los años 1980 y 1986. En el caso de Rosalía, la sobrina de la imputada, "Noemí Alvarado y Daniel Pacce abusaron de mí cuando yo era niña. Entre mis 5 y 6 años, hasta mis 11 o 12 años. No recuerdo exactamente los tiempos, pero sí que fueron durante un largo tiempo los abusos sexuales", según le narró a MundoNews. Belén, también en diálogo con MundoNews, sostuvo que esos hechos se dieron cuando apenas tenía 3 años. La figura legal que se le imputa a la acusada es la de “partícipe necesario de abuso deshonesto en concurso ideal y real con corrupción de menores en calidad de autora” y tiene una pena máxima de 25 años de prisión.


El juicio por los abusos sexuales de los que fueron víctima Rosalía y Belén es parte virtual y parte presencial.

Pasaron más de 35 años desde los casos de abuso que Belén y Rosalía -en su lugar, los primeros se ubican en 1980, hace cuatro décadas- denunciaron por parte del matrimonio Pacci-Alvarado. Estas dos mujeres debieron atravesar un verdadero calvario interno, que los acompañó desde la más temprana niñez, para poder afrontar el difícil rol de denunciarlos. Ese proceso, acompañado por el silencio, el miedo y el dolor, tenía como ingrediente adicional el poder político que detentaba el matrimonio en cuestión, lo que hacía aún más compleja la situación. Además del paso del tiempo.


En el caso de Rosalía recién pudo exteriorizar lo ocurrido en junio de 2013, con 38 años, cuando en el velatorio de su padre vio aparecer a sus tíos en la casa de sepelios. Allí explotó y le pidió a su marido -el único al que le había contado el infierno que había vivido en su infancia- que los eche del lugar. A partir de ese momento pudo narrar ante más personas sus terribles vivencias en la casa de sus tíos. Según denunció, Noemí la invitaba a Rosalía para ver a su tío Daniel en su dormitorio, con algún pretexto como el de mostrarle una película. Y allí se desataba el infierno. Un infierno que, según recuerda Rosalía, se habría extendido por varios años, desde sus 5 o 6 años (1980/1981) hasta los 11 o 12 años (1985/1986).


En el caso de Belén, el traslado de su madre Lidia -docente- a una escuela de Resistencia, donde Noemí Alvarado era Directora, fue el inicio de su pesadilla. Allí ambas forjaron una amistad y se reunían con grupos de personas afines en distintos domicilios. Uno de ellos era el de los "Pacci-Alvarado". En general, el político no participaba mucho de esos encuentros y se quedaba en una habitación, lejos de todos. Y allí, a sus 3 años, Belén cuenta que era invitada por Noemí para que vaya a ver a su marido con algún pretexto como podía ser el de ver la tele o una película. Y allí se desataba su infierno. Transcurría el año 1985 y por ese entonces Daniel Pacci ya detentaba poder en Chaco. Ocupaba cargos a nivel provincial que le servirían como trampolín para llegar al Congreso Nacional como diputado entre 1987 y 1991, representando al ala más de derecha del peronismo. Enterada de la situación de su hija, Lidia, la madre de Belén, quiso denunciarlo en la Justicia. Peso sólo encontró trabas. En 2012, Belén Duet, con 30 años y después de un largo y tortuoso proceso interno, cdecidió "hacer algo con eso", según le contó a MundoNews.


El abrazo de Rosalía y Belén representa mucho. Un sufrimiento y una lucha compartida que busca justicia.

Y el destino quiso que los caminos de ambas víctimas se cruzaran. En la cola de un banco en Resistencia, Lidia (mamá de Belén) y María Delia (mamá de Rosalía) se pusieron a conversar y allí saltó un denominador común: los abusos sexuales de las que habían sido víctimas sus hijas siendo muy pequeñas. Y el nombre de los victimarios señalados: Daniel Pacci y Noemí Alvarado. A partir de ahí, Rosalía y Belén comenzaron a transitar un camino juntas, un camino que fue muy importante en la visibilización de la problemática de los abusos sexuales en las infancias y en la lucha para que esos delitos no prescriban, atendiendo los tiempos de las víctimas. Empezaron a golpear un sinnúmero de puertas que se les cerraban en sus caras. Los propios abogados no se querían involucrar en una causa que decían ya estaba perimida por el paso del tiempo. Hasta que encontraron al letrado Leandro Ramírez, quien las escuchó y decidió acompañarlas. Ellas, tras conocerlo, militaron el proyecto que atendía la suspensión de la prescriptiblidad de estos delitos, que finalmente fue aprobado en 2015


Fue justamente la Ley 27.206, de "Respeto a los Tiempos de las Víctimas", la que habilitó que hoy Belén y Rosalía puedan tener la esperanza de que haya un juicio justo en sus casos. Esa ley amplió el plazo de prescripción del delito de abuso sexual en las infancias y determinó que ese plazo comienza sólo cuando la víctima, tras haber alcanzado la mayoría de edad, "formule por sí la denuncia o ratifique la formulada por sus representantes legales durante su minoría". Así fue que en 2016 ambas presentaron su denuncia formal en 2016. Pero la Justicia volvió a actuar con distintas dilaciones y negativas, que finalmente lograron vencer. Por ejemplo, la discusión sobre la retroactividad de esta Ley que fue hábilmente defendida por su abogado, citando las obligaciones que la Argentina tiene por haber adherido -en la Reforma Constitucional de 1994- a los Pactos Internacionales de Derechos Humanos. Luego, el Tribunal Superior de Justicia del Chaco fallaría, en otro caso, en el mismo sentido. Es decir, a favor de la imprescriptiblidad.


Esa lucha interminable, agotadora y agobiante para Rosalía y Belén fue la que les permitió llegar a un juicio sin precedentes, el que remite al caso más antiguo de abuso sexual que es finalmente juzgado en la historia argentina. Dicho de otra manera, es el juicio que se da a más años de distancia del delito denunciado. Y eso es histórico. Un reconocimiento a tantos años de una pelea desigual que sí estuvo acompañara por "un colectivo de organizaciones de mujeres, identidades diversas, de DDHH, sociales y políticas", según describen. De hecho, ellas son parte de esos colectivos, a través de la organización que crearon: "Al Fin Justicia", que busca acompañar a sobrevivientes de abusos en la infancia y que potencia la visibilización de esa problemática y educa acerca de la Ley de "Respeto al Tiempo de la Víctima".


Hoy, tras semejante derrotero, Belén y Rosalía abren un camino que puede ayudar a muchísimas otras víctimas de abusos sexuales en la infancia. Un camino que ellas debieron transitar con gran sufrimiento, pero con una fuerza admirable. Una fuerza que les permitió llegar hasta este horizonte histórico. Pero, sin duda, lo más revelador es conocer en primera persona el infierno que padecieron. Y así se lo describieron a MundoNews. Dos testimonios desgarradores.




El testimonio de Rosalía Alvarado


Rosalía cuenta con mucho dolor los abusos de sus tíos.

"Noemí Alvarado y Daniel Pacce abusaron de mí cuando yo era niña. Entre mis 5 y 6 años, hasta mis 11 o 12 años. No recuerdo exactamente los tiempos, pero sí que fueron durante un largo tiempo los abusos sexuales. Y el abuso continúo en mi cabeza, en mi cuerpo, en mi vida, en mi corazón, en mi historia. Ella es hermana de mi padre y él era su esposo (ya fallecido). A los 5 años volví a Resistencia, donde había nacido. Pero mi padre fue perseguido políticamente y tuvo que irse de acá. Nos fuimos a Paso de los Libres (Corrientes). Y, cuando volvimos a Resistencia, vinimos a vivir a una casa que está a la vuelta de los Pacce. Ellos eran mis tíos. Yo iba a esa casa y ellos aprovechaban y abusaban de mí, durante muchos años. Fueron varios los episodios. Yo los recuerdo en varios lugares de la casa y fuera de ella".


"Durante toda mi vida es como que yo me quise olvidar de esto o hacía el esfuerzo para olvidarme o hacer que esto no había pasado. O sentía que era algo horrible que me hacía mucho mal, que me angustiaba. Me costaba darme cuenta que eran por eso mis angustias, mis miedos, mis dolores. No sé poner todas las palabras que eso provoca. Así que muchos años de mi vida pasó como que esto no existió. No sé si me olvide o qué. Después entendí que era un mecanismo que usa la mente para sobrevivir: disociarse. Y no se lo dije a nadie. No se lo podía decir a nadie. Por ahí si fantaseaba en mi cabeza poder decirlo, me daba mucho miedo la reacción de mi papá, porque mi papá fue un padre muy amoroso con nosotros (como mi madre) y yo pensaba que si le decía, él iba a cometer una locura. Y que si a él le pasaba algo iba a ser mi culpa. Y a mí me daba terror porque mi padre tenía una discapacidad física. Y entonces yo lo veía más débil que a Pacce. En esos pensamientos y sentimientos de niña... Así que nunca hablé. Además también me sentía culpable. Yo no sabía que esto le pasaba a otras personas. Yo pensaba que esto sólo me pasaba a mí y que yo tenía la culpa. Y que yo seguía yendo a esa casa, y que los seguía queriendo porque eran mi familia... Quedé 'entrampada', esa es la palabra que siempre me sale. Ellos me 'entramparon' en ese horror por muchos años".


"Cuando yo definitivamente hablé y lo hice público, lo saqué, se lo dije a más personas, fue el día que murió papá. En junio de 2013, en el velorio de mi papá. Cuando yo los vi entrar, sentí que hasta allí llegó, que ya está, y me explotó el cuerpo. Le pedí al papá de mi hijo que haga lo que quiera pero que los eche. Era la primera persona a la que le había dicho. Más tarde me vi obligada a decírselo a mi hermano. A los que obviamente amordacé. Después de venir del velorio, esa noche me sentí muy culpable. Sentía que había metido la pata, que iba a lastimar a gente que quería. Era una sensación horrible. Pero después que pasaron los días y pude hablar -ya había empezado terapia a hablar de todo esto-, sentí que no... Aparte ninguno de ellos (la familia paterna) se había acercado a hablarme para ver por qué los eché, qué pasó... Yo ahí me dí cuenta que todos sabían todo porque empezaron a irse de a uno los de la familia de mi papá... Y, entonces, ahí me di cuenta que se sabía lo que pasaba y nadie me vino a decir nada. Nadie me vino a decir '¿qué pasó?¿por qué hiciste esto?'. Y ahí lo único que sentí es que tenía que denunciarlo, que esto se tenía que saber. Porque esto me marcó la vida, me destruyó de alguna manera, me quebró cuando yo me estaba formando. Y no era justo. Y eso no tenía que pasar. No me tenía que pasar a mí, no le tenía que pasar a nadie".



"Empecé a buscar y hablar con todo el mundo. Preguntaba y todo el mundo me decía que era imposible, que mire para adelante, que tenía una vida hermosa, que no se podía denunciar porque habían pasado muchos años, que esta gente era muy poderosa. Y seguí, seguí. Así me encontré con una organización política a la que le conté esto; fue lo primero que conté cuando me preguntaron por qué había ido. Y empecé a laburar con unas compañeras en un área de género y a buscar sobre el tema, a visibilizarlo. Con mi compañera Marina, que hoy está conmigo, somos muchas. Y empezamos a hablar y visibilizar este tema. Golpeamos muchas puertas para hablar del abuso sexual en la infancia y de lo que cuesta abordarlo. Y que es un delito en silencio. Así empezamos a encontrarnos con gente que sabía del tema, que estaba preparada, que sabía todo de lo que le decíamos y lo que nos pasaba por el cuerpo".


"En esa búsqueda, mi madre -que se enteró mucho tiempo después, en septiembre de 2013- empezó a buscar por todos lados. Ella se encontró casualmente con la mamá de Belén. Y se contaron mutuamente la historia. Y ahí me cambió la vida, al encontrarme con una persona que pasó lo mismo y con los mismos abusadores. Así que luchamos juntas, seguimos buscando abogados, psicólogas, psicólogos, que entiendan esto, que nos fortalezcan, que nos den palabras y su saber para poder denunciarlo. Nos encontramos también con que existía este proyecto de ley, nos encontramos con otras organizaciones a nivel país que trabajan esta temática. Militamos el proyecto, se sancionó la Ley, y en 2016 conseguimos por fin un abogado que se animó a denunciar y a presentar nuestras denuncias. Y así lo hicimos".


"Yo deseo con todo mi corazón y con toda mi fuerza que se haga justicia. Que el Poder Judicial pueda mandar ese mensaje sobre que no tolera este tipo de delitos y que los va a condenar. Estoy esperanzada de que eso pase. Sí, tengo miedos. De a rato vuelvo a ser esa niñita, pero quiero sanar a esa niñita. Ahora no estamos solas, ahora ya hablamos, ya somos grandes, ahora tenemos fuerza, ahora nos podemos defender. Y queremos que haya justicia para nosotras, para las niñitas que fuimos, y para todos los que pasaron por este horror. Estos crímenes no pueden quedar impunes, no pueden seguir siendo los crímenes más impunes de la Tierra, como dice Carlos Rozanski".


"Con respecto a la Ley, Marina buscó y vio que estaba este proyecto de Ley; para mí fue una hermosura, una alegría, un alivio, que decía justo lo que nosotras necesitábamos. Entendía todo. Y eso hace la Ley: la Ley viene a respetar el tiempo de las víctimas. Porque quienes pasamos por esto somos quebrados en la edad en la que nos estamos formando, cuando somos niñes. Entonces uno no habla de lo que no entiende, de lo que no puede, de lo que lo supera, de lo que lo abruma, de lo que lo sobrepasa. Uno habla cuando puede, ni siquiera cuando quiere. Habla cuando puede y eso es lo que hace la Ley. La ley dice que en estos tipos de delitos lo que se respeta es el tiempo de la víctima, Y la prescripción comienza correr después de ese momento. Es una hermosura. Ya estaba obligado nuestro Estado desde antes por los Pactos Internacionales a los que había suscripto (de Derechos Humanos, de Convención de los Derechos del Niño"), pero acá nuestro debate interno se veía imposibilitado. Porque estos delitos tenían plazos para prescribir. Y esta Ley lo que vino a hacer fue a plasmar lo que ya existía. Lo dijo tan claramente que es una hermosura que nuestro país tenga esta Ley".

"No sé cuál puede ser la importancia histórica que tenga esta juicio. A mí lo que me interesa es que ayude a sanar, no sólo a nosotras, sino a todas las personas que pasan por este horror. Que no se sientan solas, que sepan que hay un Estado, que hay un Poder Judicial, que hay organizaciones que no las dejarán solas y que pueden escucharlas para que esto no quede impune. Ese es mi gran deseo. Me parece que nos puede volver un país mejor porque les niñes tienen que estar primero que nada. No hay otra. Sino no hay futuro. Que la verdad y que el amor venzan siempre. Eso queremos".



El testimonio de Belén Duet



"En 1979 mi mamá comienza a trabajar en la escuela en la que era directora Noemí Alvarado. Trabaja hasta el '85 allí. Mis viejos eran muy humildes y en ese momento muy jóvenes. Noemi Alvarado siempre tuvo una actitud muy 'protectora', mentora. Mi mamá le tomó mucho cariño. Comenzaron a tener una relación de amistad que involucraba a otro grupo de personas entre las que había docentes, escritores, entre otros. En 1981, mis padres mantenían reuniones con estos grupos de personas en las casas, y entre las casas estaba la de los Pacci-Alvarado. Él era una especie de Minotauro porque participaba muy poco de las reuniones sociales y siempre se quedaba en otra habitación (durante los encuentros) y Noemí conducía a esa habitación -por lo menos así me pasó a mí- con distintos artilugios. Y una de las veces sucedió algo extraño entre ellos dos... Ella me conducía diciéndome 'Anda a ver al tío Daniel que está en la pieza' y me llevaba de la mano. Y ahí cerraba la puerta...."


"Cuando cumplí 30 años decidí hacer algo con lo que venía siendo un proceso de recuerdo y de reconstrucción de mi propia historia. Hay como varias escenas en esta historia. La primera tiene que ver con mi maestra de Jardín que escucha algo de mí que le llama la atención; se lo hace saber a mis papás y ellos comienzan a indagar. Ahí se dan cuenta de algunas cosas. Mi mamá intenta ir a la Justicia pero desalientan esa idea. Él (Daniel Pacci) era muy poderoso, era diputado nacional, con un papel muy importante dentro de la política de la provincia (Chaco). Como se cierran las puertas dela Justicia, lo que les quedaba era hacer un seguimiento sobre mí para ver cómo era mi proceso de vida. Y a los 12 años, cuando yo miraba un programa de televisión ("Nueve Lunas") uno de los capítulos se trataba justamente de un tío que abusaba de su sobrina y yo me sentí identificada con esa situación pero sin tener demasiada certeza. Entonces le pregunté a mi hermana si a mí me había pasado eso y ahí comienza el armado del tapiz de todos esos recuerdos sueltos. Comienzo a hacer análisis y a los 20 años es como que tuve un poco armado todo este tapiz. Y a los 30 decido hacer algo con eso".


"Cuando decido que quería hacer algo con eso se lo comento a mi familia. Sobre todo se lo comento a mi familia porque tenía un temor real de que le pudieran hacer algo, por este poder que tenían ellos en la provincia. A partir de que le cuento a mi mamá todo esto y ella se encuentra con María Delia, la mamá de Rosalía en la cola de un banco y un poco para tantear mi mamá le pregunta que fue de la vida de Noemí Alvarado. Y ella le cuenta lo que le había sucedido a Rosalía. Entonces mi mamá la escucha y le dice que a mí me había pasado lo mismo. Inmediatamente la conocí a Rosalía; yo vivo en Buenos Aires, así que en primer viaje después de enterarme de esto fue a Resistencia y ahí la conozco a Rosalía. Y comienza nuestra vida juntas".


"Las historias se cruzaron inmediatamente no sólo por este hecho de confesión de nuestras madres, sino además porque recordábamos cosas. Por ejemplo, momentos del día en los que sucedían las cosas, objetos con los que nos 'seducían', colores de la casa, etcétera. Así que inmediatamente se cruzaron esas historias. Y ahí comenzó el periplo de buscar justicia, golpeando puertas, recibiendo rechazos porque nadie se quería hacer cargo de una causa que aparentemente estaba prescripta".


"La expectativa personal que tengo del juicio es que la Justicia diga que esta persona es culpable, que estos delitos no pueden suceder. Y desde lo social, que es muy importante porque nosotras llegamos acá porque hubo un colectivo que nos acompañó y empujó con nosotras, es que la Justicia tenga un mensaje reparador para la sociedad; que le diga a la sociedad que cuide de las infancias y que haya justicia, que efectivamente haya justicia".


"La Ley 27.206 -de "Respeto a los tiempos de las víctimas"- lo que hace justamente es suspender la idea de prescripción porque considera que hay que esperar el momento en que una o un sobreviviente pueda contar lo que le pasó. Y a partir de allí acompañar su proceso de justicia. Esa es la importancia: la de esperarnos porque no podemos hablar enseguida, porque nuestros lenguajes incluso están pobres para poder describir eso que ni siquiera conocemos en el momento en que nos pasa; y porque la vida se nos atraviesa; porque a veces también le tuvimos miedo a una Justicia adulta que nos trataba o que trataba a las infancias como 'imaginativas´ de hechos tan terribles. Y ese es un punto importante: las infancias no saben de esas atrocidades; entonces, no pueden decir o hablar de esas atrocidades si no las vivieron. Esa es la importancia histórica: que haya una Justicia empática, que haya una Justicias que cobije, que haya una Justicia que ampare; que haya una Justicia que cuide a las infancias. Y que eso sea el mensaje. Por eso es histórico. Y es histórico porque hay una Justicia que es activa ante lo injusto, que no se queda de brazos cruzados; que no solamente escucha, sino que además ejerce justicia".


"A nosotras, como sobrevivientes, la vida se nos paraliza por mucho tiempo. Ni siquiera somos capaces de entender hasta que punto. Es como si se desvitalizara. Y comienzan los miedos. Miedos infinitos, a todo. Y eso es muy difícil de romper y de gestionarlo a lo largo de la vida. Y en ese sentido también la Justicia tiene un rol reparador".



La opinión de una especialista: Luciana Peker