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En el nombre del hijo


En EE.UU. van a juzgar a los padres de Ethan Crumbley, un joven que en 2021 cometió una masacre en una escuela de Detroit, asesinando a cuatro estudiantes e hiriendo a otros seis. Es la primera vez en la Historia que también se acusa a los progenitores por un caso así.


Por Tomás Michi


Una costumbre que no debería ser. Y una problemática que no cesa. Los tiroteos en Estados Unidos se repiten desde hace años. En una epidemia que preocupa y asusta a todos. Pero pareciera que las autoridades no dan en el clavo sobre cómo prevenirlos, ni tratarlos de la forma correcta. Es una situación que excede el acto violento en sí, tiene que ver con una construcción sistemática debido a la normalización del uso de armas en la cultura estadounidense. Es un aspecto tan arraigado a esa sociedad que ocurre hasta entre los jóvenes y estudiantes de colegios secundarios. La polémica por estos hechos es cada vez más fuerte y hay innumerables casos que dejan en evidencia la falta de solución. En ese contexto, la Justicia está dando un paso sin precedentes: juzgar también a los padres de los autores de las masacres escolares, responsabilizándolos de esos crímenes cometidos por sus hijos. Y el primer caso donde esto va a ocurrir es el del joven Ethan Crumbley, que en 2021 asesinó a cuatro estudiantes e hirió a otros seis en la escuela secundaria de Oxford, en Detroit, Michigan. Es el primer hecho en la historia de la Justicia norteamericana donde se juzgará a los padres del victimario.


La decisión se anunció luego del dictamen de la Corte Suprema de Michigan, tras un fallo del tribunal de Lansing. De hecho, esa Corte afirmó que no escucharía la apelación de los padres de Crumbley, Jennifer y James, quienes buscaron evitar el juicio por cuatro cargos de "homicidio involuntario" cada uno. En su argumento, los fiscales aseguraron que mostraron "negligencia grave" al no asegurar el arma -una pistola semiautomática de 9 mm que ellos mismos le compraron- que utilizó su hijo para cometer los delitos. Pese a haber intentado que se desestimaran los cargos, la Fiscalía se mantuvo firme en su postura. En ese sentido, la Corte Suprema de Michigan, dictaminó que "el fallo del Tribunal de Apelaciones se considera pertinente y se RECHAZA, porque no estamos convencidos de que la cuestión presentada deba ser revisada por esta Corte".



James y Jennifer Crumbley están acusados de "homicidio involuntario" por haber dejado el arma al alcance de su hijo.


A esa instancia se llegó después de que el Tribunal de Circuito del Condado de Oakland y un panel de tres jueces del Tribunal de Apelaciones de Michigan ya habían fallado en contra de los Crumbley. Es por esto que las abogadas de los acusados, Shannon Smith y Mariell Lehman, argumentaron que los fiscales no pueden demostrar que un jurado pudiera decidir que un resultado razonablemente previsible de la supuesta negligencia grave de los Crumbley fue que su hijo cometiera un tiroteo en noviembre de 2021. Bajo esa línea, señalaron que su hijo -que se declaró culpable de cargos que incluían el de "terrorismo" por cuatro asesinatos en primer grado- fue el único responsable de las víctimas y que el tiroteo no era "razonablemente previsible". Los Crumbley enfrentan cargos por la muerte de los estudiantes de Oxford High, Madisyn Baldwin, de 17 años; Tate Myre, 16 años; Hana Santa Juliana, 14; y Justin Shilling, de 17 años.


El caso podría sentar un precedente en la Justicia estadounidense, al ser la primera vez que se juzga a los padres de un "school shooter", como se denomina a los autores de estas mascares que se han convertido en una epidemia en las escuelas de la principal potencia del Mundo.


Las cuatro víctimas fatales fueron Hana Santa Juliana (14), Madisyn Baldwin (17), Tate Myre (16) y Justin Shilling (17).


El asesino, un psicópata


En medio del juicio que se lleva adelante contra Ethan Crumbley -donde se declaró culpable- quedó al desnudo no sólo una personalidad psicopática y antisocial, sino que el asesino serial planificó su ataque y que, según las pruebas, "se divertiría mucho" ante la posibilidad de matar a sus compañeros. De hecho, Crumbley dejó un manifiesto grabado que se escuchó en la audiencia donde hablaba de “darles una lección” al resto de los jóvenes de la escuela de Oxford.


En esa grabación, el acusado decía: “Mi nombre es Ethan Crumbley, tengo 15 años y seré el próximo tirador en la escuela. He pensado mucho en esto. No puedo dejar de pensar en ello. Pero está constantemente en mi cabeza. Caminaré detrás de alguien y le dispararé una bala en el cráneo. Voy a abrir fuego contra todos en el pasillo, intentaré golpear a tanta gente como pueda, recargaré y encontraré gente escondida. Seguiré disparando a la gente hasta que la policía entre al edificio. Entonces me entregaré a ellos y me declararé culpable de cadena perpetua. Quiero que todo Estados Unidos vea la oscuridad en mí. Quiero que los padres… lloren a carcajadas”.


En un tono monótono continuó: “He usado mi máscara durante demasiado tiempo. No puedo soportarlo. No hay voces en mi cabeza. Las voces soy yo... así es como la gente llama a los demonios. No hay demonios. Yo soy el demonio”. Además de la grabación autoincriminatoria los fiscales mostraron una serie de anotaciones de Crumbley (por ejemplo, un diario escrito a mano del adolescente para un amigo anónimo). En alguno de esos escritos, el asesino incluso llegaba a pedirle al juez que lo sentenciara a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional.


Entre esos manuscritos se distinguió una ilustración de la cabeza de lo que parecería ser una mujer, que era acompañada por una leyenda que decía: “La primera víctima tiene que ser una chica bonita y con futuro para que pueda sufrir como yo”. En su ataque la primera persona alcanzada por sus balas fue Phoebe Arthur, una chica que logró sobrevivir pero resultó gravemente herida.






Los fiscales también presentaron pruebas y testimonios de testigos que señalaban que el tirador en masa disfrutaba torturando y matando pajaritos. En la sala del tribunal también se mostró un vídeo de la masacre real, sin sonido, en el que Crumbley salió de un baño con una pistola y disparó contra varios estudiantes mientras cambiaban las clases. Los familiares de varias víctimas no pudieron aguantar y rompieron en llantos ante esas imágenes.


Los fiscales pidieron que el adolescente sea condenado a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional. La defensa solicitó que se le diera a Crumbley la oportunidad de obtener libertad condicional, argumentando que es un niño que fue abandonado por sus padres y que aún puede ser rehabilitado. Para eso mostraron sus presuntos pedidos de ayuda en su diario. “Una llamada y eso puede salvar muchas vidas. Mi maldad se ha apoderado completamente de mí y antes me gustaba, pero ahora no quiero ser malvado. Quiero ayuda pero mis padres no me escuchan y no puedo obtener ninguna ayuda. Siento que estoy en un pequeño círculo de tristeza”, señalaba.


La situación llegó a los oídos de las autoridades del colegio y, de hecho, la misma mañana del tiroteo, el niño y sus padres se reunieron con un funcionario escolar después de que un maestro encontrara algunas de las terribles anotaciones. Pese a la gravedad de la situación a Crumbley se le permitió permanecer en la escuela y nunca se revisó su bolso en busca de armas. Horas después cometería la masacre. Y ahí se abre otra pregunta sobre si hubo una brutal negligencia de parte de las autoridades.



La madre y el atacante fueron juntos a comprar el arma. En el baño del colegio, dejó sus cosas para la masacre.



Las alarmantes cifras de las víctimas por armas en Estados Unidos


El Archivo de Violencia con Armas indicó que los tiroteos masivos crecieron durante el 2023: hasta finales de septiembre, se habían producido más de 500 ataques armados en todo el territorio nacional. Sin embargo hay un dato más preocupante. Al menos 1.300 niños y adolescentes murieron por disparos en lo que va del año. Un claro ejemplo es el de Amethyst Sistine Silva, un niño de 11 años de Texas, que perdió la vida cuando en Año Nuevo los hicieron tiros al aire y una bala perdida lo alcanzó. Y como este, hay decenas de casos más que demuestran el uso indiscriminado de armas de fuego.


Según un informe del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades, los homicidios y suicidios relacionados con armas, en niños y jóvenes, alcanzaron un récord en 2021, con 2.279 casos. Esto significa un incremento del 11% desde el inicio de la pandemia de Covid-19, de acuerdo a los datos estudiados por CNN. Las personas pertenecientes a ese grupo poblacional enfrentan un panorama cada vez más difícil: hoy en día, las armas son la principal causa de muerte en el país, por encima de los accidentes automovilísticos y el cáncer, que hasta 2020 se encontraban en lo más alto de esas estadísticas.


Una gran cantidad de esas muertes se la atribuye a los tiroteos en entornos escolares y universitarios, que registraron un incremento constante desde 2017, a excepción de 2020, cuando la pandemia del Covid-19 obligó a las escuelas a cerrar sus aulas y brindar todas sus actividades académicas de manera virtual. Además, la CDC brindó un dato importante: no todas las personas que corresponden a este grupo etario están al mismo nivel de riesgo. Los niños y adolescentes afroamericanos tienen más probabilidades de morir en incidentes relacionados con armas de fuego que los niños de otras razas. Las cifras lo reflejan: en 2021, murieron por impactos de bala 17 de cada 100.000 niños afroamericanos, en comparación con aproximadamente 3 de cada 100.000 niños blancos o 1 de cada 100.000 menores asiáticos.


Esta problemática crece día a día, y pareciera que las autoridades no logran solucionarla. Pero es algo que debe combatirse desde adentro, desde el discurso y la concientización, para que estas costumbres que llevan a la tragedia puedan comenzar a desarraigarse. Es un trabajo consistente y continuo, que, en caso de no llevarse a cabo, este complicado panorama se profundizará, y las víctimas serán cada vez más.





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