España/Marruecos: Las razones que explican la crisis migratoria en la frontera más desigual
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Los enclaves españoles de Ceuta y Melilla (en el noroeste de África) representan un anzuelo muy atractivo para los marroquíes. Las diferencias socioeconómicas grafican la brecha entre Europa y África. De un lado del límite divisorio los ingresos son 10 veces superiores al otro.
Por Gabriel Michi

De un lado, un país con el bienestar europeo. Del otro, una nación con índices africanos. Aunque ambas realidades transcurran en África. Separadas apenas por una frontera con vallas y espigones que buscan impedir que los del segundo Estado entren masivamente al primero. Algo que finalmente ocurrió en cuestión de horas la semana pasada. Más de 50.000 marroquíes cruzaron -la mayoría, a nado- el límite entre su país y Ceuta y Meliila, los enclaves que España mantiene en el noroeste africano, rodeados por Marruecos. La mayoría de ellos lo hicieron en Ceuta, esa ciudad autónoma que está separada unos 14 kilómetros (a través del Mar Mediterráneo) de la Península Ibérica. Así se desató la peor crisis migratoria en la historia de ese lugar, encendiendo todas las alarmas y obligando al gobierno de Pedro Sánchez a tomar medidas urgentes para intentar revertir la situación. El presidente español viajó al lugar y, con una negociación con el gobierno de Marruecos, logró que la enorme mayoría de los marroquíes regresen a su país. Sin embargo, el propio mandatario reconoció que la frontera entre esos enclaves españoles y sus vecinos marroquíes es la más desigual del planeta. Y esa parece ser -más allá de las cuestiones de seguridad y las dudas sobre los controles fronterizos- la clave para entender por qué tantos miles de personas se arriesgan a tomar esa iniciativa poniendo en riesgo su libertad y hasta su propia vida. Y es que el abismo que separa las realidades socioeconómicas de ambas naciones parece ser demasiado profundo para poder contener esas olas migratorias. Algunos datos que demuestran esa grieta:
España y Marruecos tienen una superficie similar, 505.00 km2 la primera y 446.000 km2. Y cifras demográficas similares ya que en territorio español viven 49 millones de personas y en suelo marroquí son 37 millones.
Sin embargo, las distancias en materia de PBI son gigantescas: el de España es de 1,6 billones de euros, mientras que el de Marruecos apenas ronda los 150.000 millones. Es decir, la economía marroquí entra 11 veces en la española.
Ni hablar de lo que pasa en el PBI per cápita: en España es de 34.000 euros al año, mientras que en Marruecos ronda los 3.972 euros.
La informalidad económica en España es del 24% y en Marruecos es del 75%.
El gasto público per cápita, en tanto, equivale a 15.424 euros en el caso español y a 1.225 euros en el marroquí.
Por su parte, así como el país europeo invierte en educación unos 768.000 millones de euros, el norafricano apenas destina 8.130 millones de euros.
Lo mismo ocurre con el gasto en salud: en España alcanza los 110.000 millones de euros y en Marruecos araña los 4.578 millones.
Es claro que ambas naciones tienen situaciones muy diferentes en materia de migración. Mientras que en territorio español hay un 14,4% de población inmigrante, en territorio marroquí apenas llega al 0,28%. Apenas el 3% de los españoles abandonaron su país, contra 9% de los nacidos en Marruecos.
En cuanto al ránking de desarrollo de capital humano, España ocupa el lugar 44 mientras que Marruecos ostenta el 118.
La tasa de natalidad en el país europeo es de 6,5 nacimientos cada mil, mientras que en el país africano es del 16,4.
Esas diferencias sociales y económicas son, en definitiva, las verdaderas causales de la avalancha de inmigrantes de Marruecos a Ceuta y Melilla, los enclaves españoles separados apenas por esas vallas y las escolleras. Cruzar esa frontera significa en el imaginario de los marroquíes un supuesto pasaporte a un futuro más digno, con más oportunidades. Y por eso hasta ponen en juego sus vidas. El abismo es gigantesco.
Y todo eso pese al permanente intercambio económico entre ambos países. De hecho es uno de los principales corredores comerciales entre Europa y el norte de África. En 2024, el intercambio comercial entre ambas naciones alcanzó el récord de 22.693 millones de euros, con un superávit a favor del país europeo que superó los 3.000 millones de euros. De hecho, desde 2012 España es desde 2012 el principal socio comercial de Marruecos. Y el país africano ocupa el primer lugar entre los mercados de ese continente para España: el 3,4% de las exportaciones españolas (de un total de 384.00 millones de euros) fue al mercado marroquí. En tanto, para Marruecos, el vínculo económico con España es central: el 29,1% de sus exportaciones fueron hacia ese país.
Ambas economías están, además, estrechamente relacionados a través de cadenas de producción que comparten, en particular en el sector de las automotrices, textiles, maquinarias y elementos eléctricos para distintos fines. Mientras España le vende bienes de equipo, combustibles, metales, productos químicos, máquinas y componentes que utilizan las fábricas instaladas en el país africano, Marruecos le exporta vehículos, cables, piezas para automóviles, prendas de vestir, pecados, frutas y hortalizas. Por todo eso, el vínculo económico entre ambos países es central. Como también las relaciones sociales y culturales. Pero no dejan de ser dos naciones vecinas con una distancia gigante en cuanto a la realidad de su gente. Y, con eso, se potencia la posibilidad de que una migración masiva se suscite. Cuando la frontera es más que un límite físico. Es la brecha entre un futuro digno u otro lleno de faltantes. Entre un buen pasar económico o la pobreza absoluta. Y hasta entre la vida y la muerte.

