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Italia: el triunfo de la extrema derecha que asusta a Europa

La victoria de Giorgia Meloni y el apoyo de Berlusconi y Salvini, pone a ese sector al frente del Estado por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial. El temor de que el discurso antieuropeísta siga creciendo, como ya está ocurriendo en otras naciones, preocupa a la UE.


Por Gabriel Michi

Salvini y Berlusconi se sumarán al frente de extrema derecha que liderará Meloni en Italia.

Algo está pasando en Europa. Movimientos que reniegan en muchos casos de la Unión Europea, con tintes muy nacionalistas (algunos con "z") están ganando terreno en los distintos países. Y lo hacen con discursos incendiarios, muchas veces que rozan el racismo y la discriminación de todo tipo, y con planteos deshumanizantes y violentos. Pero que ganan un espacio creciente en la voluntad de más ciudadano. Así ocurrió este fin de semana en Italia, donde la extrema derecha encabezada por Giorgia Meloni ganó las elecciones por amplia diferencia. Su partido "Hermanos de Italia" obtuvo el 26% de los votos y dejó a esta referente del posfacismo en la puerta de convertirse en la primera mujer en ocupar la jefatura de Estado, con el apoyo de otros referentes de la derecha como Silvio Berlusconi (Forza Italia) y Mateo Salvini (Liga). Esas tres fuerzas concentraron alrededor del 43% de las voluntades de los italianos y apuntan a gozar -por como funciona el sistema de representación parlamentaria- a tener un amplio dominio en ambas cámaras del Congreso.


El pasado de Meloni en las juventudes neofascistas y las propias definiciones de los "Hermanos de Italia" con una mirada muy antieuropeísmo que preocupa a la dirigencia del bloque de la UE. Las instituciones europeas se preparan para una relación que podría generar fricciones, aunque el los últimos tiempos la propia Meloni suavizó su discurso al respecto. Esa moderación en la actitud pude capitalizarle más votos de personas que comulgan con algunos preceptos que ella esgrime pero que no compartirían una salida de la Unión Europea como la del Reino Unido. “Nosotros colaboramos con cualquier Gobierno democrático que quiera colaborar con nosotros. Si las cosas van en una dirección difícil, como dije con respecto a Hungría y Polonia, tenemos herramientas”, aseguraba la propia presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen, al ser preguntada por este escenario. El triunfo de este sector en Italia es visto con beneplácito por otros sectores de extrema derecha que han mantenido sus diferencias con la conducción de la Unión Europea como el presidente Víktor Orban de Hungría o movimientos como "Vox" en España, los "Demócratas" en Suecia, el "Frente Nacional" de Marine Le Pen en Francia y otros con similar ideología.


Abascal (Vox, España), Orban (Fidesz, Hungría), Le Pen (FN. Francia) y Akesson (Demócratas, Suecia).

Meloni llega con un discurso basado en la triada "Dios, patria y familia", con una mirada de la sociedad muy patriarcal y que condicionarían los derechos de la mujer, como también de las minorías sexuales. También peligra el acceso al aborto. Si bien la candidata moderó un poco su discurso, nadie olvida todo lo que dijo para llegar hasta ahí e incluso sus inicios de la militancia -cuando tenía 15 años- en el fascista Movimiento Social Italiano (MSI), que luego llevaría a su propia creación: el partido "Hermanos de Italia"- Sería la primera vez desde la Segunda Guerra Mundial en que la extrema derecha encabezaría el Ejecutivo nacional.


Otra de las banderas que defiende Meloni es un ataque sistemático a la inmigración. En más de una ocasión se ha expresado al respecto, agitando todo tipo de fantasmas sobre ella: "la inmigración ilegal amenaza la seguridad y la calidad de vida de los ciudadanos", repite. Es más, plantea un polémico "bloqueo naval" para evitar que las embarcaciones que salen desde África, cargadas con refugiados en una situación desesperante, crucen en Maditerráneo y lleguen a suelo europeo. Yendo un pocos más allá de la política restrictiva que encaró su ahora socio político Mateo Salvini -cuando fue ministro del Interior en 2018- de "puertos cerrados", que impedía a los barcos repletos de migrantes desembarca. Esa medida fue declarada inconstitucional por el presidente de la República, Sergio Mattarella. Pero ahora, con la llegada de Meloni al poder se estima que eso se endurezca aún más.


La sensación de hastío político que envuelve a los italianos (como a gran parte de los europeos) se tradujo en una muy baja participación electoral: votó el 67%, bastante menos del 73% de los últimos comicios de 2018. En los últimos cuatro años, Italia tuvo tres gobiernos distintos. Y la inestabilidad es tal que las últimas 8 décadas, el país debió formar 70 gobiernos diferentes. Semejante derrotero y caos tuvo sus consecuencias.


Georgia Meloni, con un discurso de extrema derecha, fue la gran ganadora en las elecciones italianas.

Pese a que Meloni defiende la pertenencia de Italia en la OTAN y se alineó con el gobierno en la posición en favor de Ucrania tras la invasión de Rusia, sus socios (Berlusconi y Salvini) han manifestado su admiración hacia Vladimir Putin en numerosas ocasiones. Es más, el propio Salvini llevaba camisetas con la cara de Putin y terminó siendo investigado por una presunta financiación ilegal a cuenta de una operación con gas ruso. Y Berlusconi, que se declara amigo del presidente ruso, recientemente aseguró en la televisión italiana que Putin fue empujado a la guerra.


Todos esos antecedentes generan una preocupación especial a la dirigencia del Viejo Continente. La posibilidad de una dirigencia escéptica del modelo en común en una de las potencias que empujó la creación de la UE, como también el avance de otros grupos similares en otras naciones, ponen el peligro todo lo que construyeron durante estos años. Por eso este triunfo de la extrema derecha italiana asusta tanto a Europa.





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