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La pelea por el "home office"

Una de las costumbres que dejó la pandemia fue el trabajo remoto. Y hoy menos gente quiere volver a las oficinas. Pero las empresas y gobiernos presionan. El caso argentino.


Por Tomás Michi



Cuando dicen que la Pandemia de COVID 19 vino para cambiar el Mundo moderno tienen sus razones. Plataformas digitales como Netflix, Amazon Prime Video, Star +, HBO max comenzaron a pisar fuerte en todo el planeta en medio de las cuarentenas .Los niños con sus clases virtuales en los colegios primarios y secundarios o los jóvenes que desarrollaban sus estudios en terciarios o universidades fueron testigos de la adaptación educativa en un planeta que se estaba modificando. Pero también lo transitaron los adultos. El "home office", que en sus inicios era pensado como una solución temporal para aquellos que podían realizar sus tareas a distancia, se hizo más que una costumbre. Y llegó para quedarse, pese a que hay disputas entre empleadores (sean privados o el Estado) y empleados que no se ponen de acuerdo en el regreso físico a los lugares de trabajo. Eso ocurre en todo el Planeta. Y Argentina no es la excepción .


De acuerdo a un informe de la consultora Adecco Argentina, el 70% de las empresas del país implementaron el trabajo remoto durante la Pandemia. Acá es donde radica lo importante de este fenómeno: el 87% de los empleados considera que el este fenómeno les permitió mantener su productividad y el 85% afirma que les permitió equilibrar mejor su vida personal y laboral, según un estudio de la consultora Randstad Argentina. La consultora KPMG Argentina hizo lo propio y reveló en una encuesta que el 75% de los empleados argentinos considera que el trabajo remoto o por lo menos el trabajo híbrido debería ser una opción permanente tras la pandemia.


En ese sentido, la plataforma de empleo ZonaJobs, elaboró un informe de las áreas con mayor demanda de empleos con modalidad "home office" en Argentina, y destacó que son tecnología, marketing y ventas. Asimismo, la consultora PwC Argentina señaló que el 49% de las empresas del país planea invertir en tecnología para mejorar la experiencia de trabajo remoto de los empleados.



No obstante, este deseo se convirtió en algo masivo y se puede observar a nivel global. En Estados Unidos, por ejemplo, los empleados de la multimillonaria empresa Apple, se rehusaron a regresar a las oficinas. Si bien justifican su decisión al asegurar vehementemente que durante más de dos años pudieron llevar a cabo un "trabajo excepcional" bajo la modalidad "home office", las autoridades de la marca de la manzanita no están contentos con la desobediencia de aquella orden directa. Esta "rebelión" de los trabajadores de la empresa creadora del icónico iPhone, puede darse gracias al sindicato Apple Together, que nació el año pasado cuando un grupo de trabajadores se unió para regular las funciones de los empleados de la empresa durante la Pandemia.


Los trabajadores, entonces, emitieron un comunicado donde solicitan seguir ejerciendo un esquema flexible, luego de recibir la orden de la gerencia para regresar a las oficinas tres días a la semana a partir del 5 de septiembre. Según su postura, se trata de un "mandato uniforme de la dirección" que no respeta las "razones convincentes" por las que algunos empleados son "más felices y más productivos" trabajando de esa manera. Es por esto que pidieron mantener conversaciones con su "superior inmediato" para establecer las condiciones de trabajo, pero aclararon que no deben estar sujetos a "autorizaciones de la gerencia" y "procedimientos complejos" o tener que proporcionar información privada.


Bajo la misma línea de las autoridades de la empresa fundada por Steve Jobs, varios referentes del universo tecnológico se pronunciaron en contra del trabajo en remoto. El multimillonario y dueño de Tesla, Elon Musk, intimó a sus empleados a presentarse en sus puestos de trabajo porque, en caso contrario, serían considerados "renunciados".


A su vez, el CEO de OpenIA, Sam Altman, creador de herramientas en furor como ChatGPT, insistió en la necesidad de volver a la presencialidad. Pese a que Altman reconociera que las posturas acerca del home office cambiaron debido a los desafíos que se presentaron en años anteriores, también advirtió que fue "uno de los peores errores que tuvo la industria tecnológica en muchos años". Para justificar sus declaraciones, se refirió al caso de las startups. Según perspectiva, cuando las personas piensan que no necesitan estar reunidas presencialmente para trabajar se equivocan, ya que el trabajo en remoto genera "más confusión". "La tecnología aún no es lo suficientemente buena como para que las personas puedan estar completamente en remoto para siempre, particularmente en las nuevas empresas", dijo.



El Gobierno de Estados Unidos también se sumó a la preocupación por la instalación y el crecimiento potencial de este fenómeno. Desde la Casa Blanca pidieron con fervor a las agencias de ese país a impulsar "agresivamente" el trabajo presencial a partir del próximo mes, ya que lo consideran esencial para brindar servicios gubernamentales. Así, el jefe de gabinete Jeff Zients, remarcó el viernes pasado que "estamos volviendo al trabajo en persona porque es fundamental para el bienestar de nuestros equipos y nos permitirá ofrecer mejores resultados para el pueblo estadounidense. Sus agencias implementarán aumentos en la cantidad de trabajo en persona para su equipo. Esta es una prioridad del presidente, y espero que cada uno de ustedes ejecute este cambio de manera agresiva en septiembre y octubre", afirmó. La Oficina de Responsabilidad Gubernamental había remarcado en julio que una revisión de semanas seleccionadas a principios de 2023 mostró que 17 de las 24 agencias federales utilizaron en promedio un 25% o menos de la capacidad de la sede, lo que representa una inquietud para el gobierno de Joe Biden.


Del otro lado del planeta, el fenómeno se repite y produce otros efectos impensados. Según una nueva investigación del Property Council of Australia, las tasas de disponibilidad de oficinas de ese país aumentaron en el primer semestre del año a niveles no vistos desde la década de 1990. El relevamiento indicó que las vacantes en el centro de Sídney, Melbourne y Perth, ciudades donde tienen su sede la mayoría de las grandes empresas, ya se encontraban arriba del 10%, y subieron entre un 0,2 % y un 0,9 % en la primera mitad del año. Lo mismo pasó con las del distrito central de negocios de Melbourne, que se incrementaron en su mayoría. Entonces, de acuerdo a la información del Property Council of Australia, la tasa nacional de vacantes subió de un 12,6% a 12,8%.


El director gerente senior de servicios de asesoría y transacciones, Mark Curtain, afirmó que si bien las oficinas australianas están bajo una "presión significativa" por las tasas más altas, la región se encuentra en una posición muy diferente a la de mercados en dificultades como Los Ángeles o Nueva York. "Confiamos en que el sector de oficinas de Australia se estabilizará y se recuperará con fuerza en los próximos años", dijo.


El "home office" parece traer grandes beneficios para los trabajadores, sobre todo por sus aspectos relacionados con una flexibilidad horaria, menos distracciones, ahorro de tiempo y energía y mayor autonomía, pero los empleadores no concuerdan, aunque eso no haya disminuido su productividad y sus ganancias -como lo demuestran todas las estadísticas- y les hayan reducido los costos por ejemplo en alquileres y servicios. Pero se escudan, entre otras cosas, en que supuestamente la mayoría de los empleados no contarían con la tecnología necesaria para llevar a cabo todas las tareas que ellos requieren. Algo que se solucionaría simplemente con unas modestas inversiones. Sin embargo hay quienes piensan que esa demanda de las empresas y los gobiernos porque los empleados vuelvan a sus oficinas se relaciona más que nada con una cuestión de poder. Y de control. Y eso es lo que explicaría esta pelea por el "home office".







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