La peligrosa deforestación de Sudamérica rompe todos los récords
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La región, clave para el medioambiente global, vio desaparecer 41 millones de hectáreas de bosques en una década, mucho más que cualquier otra área en el Mundo. Las razones.
Por Gabriel Michi

Es la región que contiene "el pulmón del planeta", la Amazonia. Y, como tal, es fundamental para el equilibrio ambiental global. Pero la amenaza por la deforestación brutal la pone en peligro. Y, con ello, a todo el Mundo. Sudamérica perdió más bosques que cualquier otra región de la Tierra entre 2015 y 2025: en la región desaparecieron 41 millones de hectáreas en una década (410.000 km2, equivalente a la superficie completa de un país como Paraguay). Es decir, a razón de 4,10 millones cada año. En esta terrible sangría se incluye "más de diez millones de hectáreas de bosques primarios: ecosistemas antiguos, densos y difíciles de reemplazar, esenciales para la biodiversidad, el almacenamiento de carbono y la regulación del clima", señala un informe presentado por la ONU. El diagnóstico ubican a Sudamérica no sólo rompiendo todos los récord con respecto a años recientes sino también en la comparativa con otras regiones: esas 4,10 millones de hectáreas perdidas cada año la ubican muy por encima de África que vio desaparecer 2,96 millones, mientras que Asia ganó 1,62 millones, Europa 1,43 millones y Oceanía 140.000 hectáreas anuales, gracias a programas de reforestación.
Hoy que los bosques se convirtieron en un elemento central en la lucha contra el calentamiento global, el cambio climático y la pérdida de biodiversidad, esa brutal sangría de los recursos naturales en Sudamérica encienden todas las luces de alarma. Si bien los gobiernos han prometido detener y revertir la deforestación para 2030 eso parece un objetivo difícil de alcanzar, pese a que el mundo científico y organismos internacionales vienen remarcando una y otra vez la importancia que los bosques tienen para almacenar carbono, regular el agua y sostener millones de medios de vida en todo el globo. La industria maderera y sus derivados, como la ampliación de áreas para el cultivo, la explotación minera y el avance inmobiliario sin control fueron algunos de los factores que más contribuyeron a la desaparición de bosques en Sudamérica.
Sin embargo, el informe de la ONU expone "la brecha entre los compromisos políticos y la realidad sobre el terreno: la meta de aumentar la superficie forestal mundial en un 3% para 2030, establecida en el Plan Estratégico de las Naciones Unidas para los Bosques, sigue fuera de rumbo". En ese sentido, el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, agrega: “Los bosques se encuentran entre los recursos naturales más vitales de nuestro planeta” y remarca que en la actualidad se enfrentan crecientes amenazas derivadas de “la deforestación, el aumento de las temperaturas, la incertidumbre económica y las divisiones geopolíticas”.
Aunque la pérdida neta de bosques a nivel mundial sigue siendo muy inferior a la registrada en los años noventa, el informe señala que el ritmo volvió a acelerarse en la última década: entre 2015 y 2025, el planeta perdió más de 40 millones de hectáreas de bosque -es el resultado en el debe y haber cuando se agrega los áreas reforestadas-, frente a una pérdida anual promedio menor en la década anterior. Es decir, que ese saldo de pérdidas está prácticamente igualado con lo que vio desaparecer Sudamérica, mientras que en otras regiones las superficies reforestadas contrarrestaron el fenómeno.
Hay bosques primarios que son ecosistemas especialmente valiosos que siguen desapareciendo a un ritmo de 1,61 millones de hectáreas al año. Y allí aclara la ONU que "un bosque primario no es simplemente un grupo de árboles viejos. Es un sistema vivo que ha evolucionado durante siglos, capaz de almacenar más carbono, sostener mayor biodiversidad, regular mejor el agua y resistir con más fuerza sequías, incendios y plagas que muchos bosques jóvenes o plantaciones recientes". Por eso los bosques reforestados puedan llegar a compensar estadísticamente las superficies pero no alcanzan para reproducir su biodiversidad ni su capacidad de almacenamiento de carbono a corto plazo.
Como se mencionó, entre los factores que más contribuyeron a la desaparición de bosques está la expansión agrícola, siendo el principal motor de la deforestación a nivel mundial. La ONU agrega que la demanda de alimentos, ganado, cultivos comerciales y leña sigue empujando la frontera forestal en regiones de África, Sudamérica y Asia. Pero también el crecimiento urbano, el desarrollo de infraestructuras y el aumento de la población incrementan la presión sobre los bosques.
Por eso, advierte el informe de la ONU, la protección de los bosques "no depende solo de las políticas forestales: también exige decisiones en otros sectores, especialmente agricultura, energía, transporte y planificación territorial". Y es allí donde vuelve a lanzar una advertencia clara sobre el cambio climático de la mano de los excesos del Hombre. Así han aparecido fenómenos extremos como implacables incendios forestales, sequías, olas de calor, plagas y enfermedades que vienen afectando cada vez más a los ecosistemas forestales,
Si bien los bosques siguen absorbiendo grandes cantidades de carbono, el informe advierte que esa función podría debilitarse. "En 2023, el sumidero global de carbono terrestre cayó a su nivel más bajo en dos décadas, una señal de que algunos ecosistemas naturales podrían estar perdiendo capacidad para absorber las emisiones que calientan el planeta", señala el informe de la ONU.
Y, pese a que la ONU reconoce los esfuerzos de algunas naciones para frenar el cambio climático, están muy lejos de conseguir ese objetivo. Para graficarlo: la financiación mundial destinada a la gestión forestal sostenible alcanzó 84.000 millones de dólares en 2023, muy por debajo de los 300.000 millones anuales que serían necesarios para 2030, según las estimaciones de los expertos.
Obviamente, ese panorama es desigual e inequitativo: en países de ingresos bajos y medios, donde los bosques enfrentan fuertes presiones económicas y existen menos recursos para protegerlos. Y, pese a que a nivel mundial hay más áreas protegidas, mejores sistemas de monitoreo, programas de restauración y países que han fortalecido sus políticas forestales, eso está bastante lejos del volumen de necesidades.
La ONU señala: "en América Latina hubo avances en algunos países de la región en áreas como restauración forestal, monitoreo y gestión de datos - incluidos Brasil, Chile, Colombia y Costa Rica- así como reformas vinculadas a la participación y reconocimiento de Pueblos indígenas y comunidades locales en países como México, Bolivia y Guatemala", pero la realidad de la región es acuciante.
Y los avances en reforestación siguen siendo insuficiente. "De las 26 metas forestales evaluadas, solo siete se consideran ampliamente encaminadas. Dos de las más importantes - revertir la pérdida de bosques y erradicar la pobreza extrema entre las poblaciones que dependen de ellos - siguen fuera de rumbo.", concluye el informe de la ONU. Un panorama muy preocupante que ubica en el centro de las alertas a Sudamérica, la región que más bosques perdió en la última década. Pese a contener al "pulmón del planeta".






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