Xi Jinping impone su juego a Trump en la cumbre de las cumbres
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El presidente chino le advirtió al de EE.UU. que si se meten en el tema Taiwán habrá un conflicto. Comercio, tierras raras, Irán, IA, en la agenda de los líderes de las super potencias.
Por Gabriel Michi

Evitar la "Trampa de Tucídides". Esa es la clave. Con eso el presidente de China, Xi Jinping, quiso representar a su invitado, su par de EE.UU., Donald Trump, lo que buscaba con la cumbre de las cumbres que se escenificaba en Pekín. Xi lo dijo con todas las letras: "si los dos países pueden trascender la 'Trampa de Tucídides', se puede forjar un nuevo modelo de relaciones entre las grandes potencias". ¿A qué se refería? Al principio enarbolado por un antiguo historiador griego para expresar la lógica por la que cuando una potencia emergente amenaza con desplazar a una potencia establecida, el resultado suele ser la guerra. Con esa frase, el líder asiático sintetizaba lo que está ocurriendo con EE.UU. que puede sentirse amenazado por el enorme crecimiento y desarrollo que viene demostrando China. La 'Trampa de Tucídides' es una figura muy utilizada en la política internacional y, dicha en el contexto en el que se dijo, en un cara a cara de los dos líderes de las superpotencias más fuertes, cobra una relevancia particular. Con eso, Xi Jinping le hablaba a Trump no sólo del difícil y competitivo vínculo comercial que mantienen ambas naciones, sino también de la geopolítica internacional. Y, en particular, del tema más importante y sensible para China en esta reunión: que EE.UU. no se meta en el tema Taiwán. Porque si eso ocurre, puede haber un conflicto peligrosísimo.
Aquella referencia a la 'Trampa de Tucídides' -que tiene su base en la destructiva Guerra del Peloponeso entre una Atenas en auge y una Esparta que veía amenazada su hegemonía- suena a una advertencia de Xi a Trump ya que el líder chino le manifestó a su par estadounidense que Taiwán “es el tema más importante en las relaciones entre China y Estados Unidos”, Y fue más allá: señaló que sería una “situación muy peligrosa” si no se maneja adecuadamente. En la reunión a puerta cerrada, Xi le dijo a Trump que si se gestiona bien la situación de Taiwán, las relaciones entre Estados Unidos y China "gozarán de una estabilidad general" pero si eso no ocurre ambos países se arriesgan a "enfrentamientos e incluso conflictos, lo que pondría en grave peligro toda la relación".
Esa isla -donde viven 23 millones de habitantes- es un punto de conflicto desde hace décadas ya que China dice que forma parte de su nación y que su pretendida autonomía debe aggiornarse a eso. Hoy este tema sigue siendo el más delicado en las relaciones bilaterales, más porque la venta de armas de distintos países de Occidente y, en particular, de EEUU a Taiwán no dejó de crecer. De hecho, el año pasado la administración Trump se comprometió a venderle cerca de 10.000 millones de dólares de armamentos al gobierno local, dentro del marco de las sólidas relaciones extraoficiales que mantienen. Pero ahora la posición que le expuso Xi Jinping a Trump es clara: no más venta de armas. Y, parece que el enojo del líder chino hizo efecto porque cuando al estadounidense la prensa le preguntó por el tema, se hizo el desentendido.
El tema Taiwán tiene un trasfondo político y económico. Si bien la isla mantiene un vínculos con China continental, siendo su principal socio comercial y un mercado de exportación clave, la mayoría de sus residentes desean mantener el statu quo autonómico. Como principal fabricante mundial de chips semiconductores, presentes en la mayoría de los dispositivos electrónicos, incluidos teléfonos inteligentes, ordenadores, vehículos y sistemas de armamento, Taiwán es un actor determinante en la economía de todo el planeta. Además tiene una ubicación geoestratégica, sólo separada de China continental por un estrecho de menos de 128 kilómetros de ancho. Y allí radica también la preocupación de Xi.
En la cumbre de las cumbres ambos líderes intercambiaron palabras cordiales y expresaron su esperanza en el futuro de unas relaciones bilaterales fructíferas, pero Trump fue el que se mostró más elogioso , mientras que Xi lo hizo más distante y cauto. Aun así, el jefe de Estado chino señaló: "La cooperación beneficia a ambas partes, mientras que la confrontación las perjudica. Los dos países deben ser socios en lugar de rivales, alcanzar el éxito juntos, buscar la prosperidad común y trazar un camino correcto para las relaciones entre grandes potencias en la nueva era".
Trump buscó el compromiso de Xi en el tema Irán y la liberación del Estrecho de Ormuz. Además de potenciar las conversaciones en el comercio y en acuerdos para que China compre más productos agrícolas -en especial, soja- y aviones de pasajeros. Para eso, se propuso la creación de un comité para abordar sus diferencias y evitar que se repita la guerra comercial que se desató el año pasado tras el aumento de los aranceles impuestos, justamente, por Trump.
Xi Jinping hizo un llamamiento a China y a Estados Unidos para que trabajen juntos como socios en lugar de rivales. Y agregó: “Ambos creemos que la relación entre China y Estados Unidos es la relación bilateral más importante del mundo. Debemos hacer que funcione y nunca estropearla”. Para completar: “Lograr la gran revitalización de la nación china y hacer que Estados Unidos vuelva a ser grande pueden ir de la mano. Tanto China como EE.UU. se benefician de la cooperación y pierden con la confrontación; deberían ser socios en lugar de rivales”.
Trump celebró públicamente el tono del encuentro: “Es un gran honor. Fue un día fantástico. Fue una bienvenida magnífica, como ninguna otra”. Y manifestó que sus conversaciones con Xi fueron "sumamente positivas" y dijo que todo lo que discutieron era "bueno para Estados Unidos y China. Fue un gran honor estar con usted”, le dijo cara a cara a Xi.
Según se supo, en las conversaciones por el bloqueo iraní al Estrecho de Ormuz (por donde pasa más del 20% del petróleo que se usa en el Mundo, y más del 50% del que usa China) ambos líderes coincidieron en que es necesario su reapertura inmediata frente a la crisis energética planetaria. En ese plano, Xi se opuso a cualquier imposición de peajes a los buques que crucen el Estrecho, que de hecho ha estado cerrado desde el comienzo de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán.
Los presidentes de ambas potencias también debatieron sobre cómo frenar aún más el flujo de precursores químicos del fentanilo hacia Estados Unidos, algo que se ha convertido en un caballito de batalla de la administración Trump ya que se sabe que muchos de esos elementos son los que utilizan los cárteles mexicanos del narcotráfico para luego exportar esa poderosa y destructiva droga al principal consumidor: EE.UU.
En ese cpntexto se dio la cumbre de las cumbres. Esa que reunió a los dos hombres más poderosos de las potencias más poderosas del planeta. Un escenario donde Xi Jinping le marcó la cancha a Donald Trump. Algo que parece impensado teniendo en cuenta la personalidad del magnate. Pero que habla de las nuevas reglas de la geopolítica internacional. Esa que asusta si se imaginan los riesgos de la "Trampa de Tucídides".





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