• MundoNews

Un vacío en el campo de los sueños

Actualizado: 26 de jun de 2020

Los emprendimientos de turismo rural y los restaurantes de campo enfrentan la incertidumbre de no saber cómo sobrevivir. Cerrados desde el inicio de la cuarentena no pueden hacer deliverys ni take away porque simplemente escasean los vecinos. La experiencia de "El Almacen CT & Cía", en Azcuénaga, es un ejemplo. Una familia que reescribió la historia.


Por Gabriel Michi




Un sueño. Un homenaje. Un lugar mágico. Un puente entre el pasado y el presente. Y hoy, una espera que parece infinita. Una hibernación forzada. Y un futuro indescifrable. Esta es la historia de un emprendimiento que encierra las de muchos otros. Y que merece ser contada. Por su construcción colectiva con el paso de los años. Pero también porque la Pandemia les pegó fuerte, como a tantos otros. En Azcuénaga, un pequeño pueblo bonaerense de unos 350 habitantes, ubicado a poco más de 100 kilómetros de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, se levanta un restaurante de campo que funciona en el viejo almacén de "ramos generales". Se llama "Almacén CT & Cía", por el nombre que en su momento tuvo ese espacio clave en la vida rural de esta zona: Casa Terrén. Y que se mantiene en pie, pese a las vicisitudes y los desafíos que se le plantean por existir en un país llamado Argentina y también por aquellos que emergieron sorpresivamente -y a nivel mundial- por la aparición del COVID 19 en este 2020.


Con el abandono del ferrocarril, Azcuénaga fue uno de esos pueblos que comenzaron a exhalar su casi inevitable extinción. Y, con ellos, su propia vida social. Sin embargo, hace unos años empezaron a aflorar proyectos de personas que querían reinventarse pero sobre todo rescatar a esas comarcas para que no queden sumergidas en el olvido. Y así fueron surgiendo distintos polos gastronómicos que les volvieron a dar vida. El turismo de campo, microturismo o de fines de semana encontró en estos lugares un espacio para comer rico, distraerse y tener un contacto con la naturaleza, las costumbres criollas y las tradiciones. Un oasis, un paréntesis en la ajetreada modernidad, a poco tiempo de distancia de la Gran Ciudad. Y así, cada fin de semana, esos pueblos tranquilos ven llegar a cientos de personas ávidas de esas cualidades.


Pero el Coronavirus y la cuarentena está haciendo estragos en sus economías. Como tantos otros rubros, el turismo rural no escapa a la situación que enfrenta la actividad turística en general. Y el resto de los emprendimientos como éste, realizado en base al esfuerzo. Por eso, están preocupados por el presente, pero también por el futuro. Aunque, como han afrontado tantas crisis, se esperanzan con el día después de la Pandemia.


El complejo escenario que enfrenta el "Almacen CT" se repite en otros lugares de Azcuénaga, como por ejemplo en el restaurante "La Porteña" y el bufet del club recreativo "Apolo". También ocurre lo mismo en la vecina localidad de Cucullú donde está presente el "Almacén Bar Casa Gallo" y en San Andrés de Giles donde se asienta "Estancia Chica", entre varios lugares. Y los que se ubican en Villa Ruiz: "La Pulpería" o "Pica Montés". U otros que ya están instalados en polos gastronómicos rurales muy conocidos como los que se levantan en el pueblo de Tomás Jofre (Partido de Mercedes), Carlos Keen, Cortines y Open Door (Partido de Luján), Villa Lía, Vagues y San Antonio de Areco (en el Partido homónimo). Todos ellos enfrentan hoy este desafío que les plantea la Pandemia y la cuarentena. Y en el que el horizonte aparece en medio de una inconmensurable neblina.






Así describe el difícil presente que están atravesando Lucas Coarasa, uno de los 10 hermanos que comandan el restaurante "Almacen CT": "Lamentablemente por esta situación de confinamiento obligatorio, estamos con la actividad completamente parada. No solamente nosotros. Para nuestro pueblo es algo muy complejo de llevar adelante porque se frenó un avión en 100 metros. Y eso complica mucho el panorama. Nosotros no estamos pudiendo trabajar porque en un pueblos de 350 habitantes reconvertirse al delivery o al take away es prácticamente imposible. Con lo cual eso nos deja en una situación mucho más compleja todavía".


Lo que explicita Coarasa es una realidad que jaquea la vida de estos pueblos que han encontrado en el turismo rural de fin de semana la forma de sobrevivir y encontrar un nuevo camino de sostenibilidad. "Toda la fuerza laboral que hace posible nuestro emprendimiento se tuvo que reconvertir en otras actividades. Tratar de elaborar comida en sus casas para venderle a los vecinos del pueblo, entre otras cosas. Es realmente muy difícil. En nuestro caso no vivimos del restaurante, pero lo sufrimos", cuenta Lucas.


La referencia a que no viven del restaurante es porque los 10 hermanos realizan otras actividades y éste es un desafío familiar que llevan adelante entre todos, reuniéndose cada fin de semana para ponerlo en marcha. "Todos los fines de semana nos juntamos a trabajar allí, en este restaurante que atraviesa la historia de la familia desde 1885. Es una historia famliar y de un esfuerzo que tiene una épica muy linda. Y este es otro capítulo más. Porque hace 9 años que venimos trabajando muchísimo y revalorizando toda la oferta turística de Azcuénaga. Nosotros hemos vivido la época triste de Azcuénaga, cuando no iban ni nuestros parientes a visitarnos", explica. Pese al panorama, está claro que no piensan bajar los brazos: "hoy estamos con renovada esperanza pese a todo y deseando que el futuro nos encuentre más fuertes que nunca".




Camino recorrido



El "Almacen CT & Cía" es un espacio gastronómico que fue levantado prácticamente desde las ruinas por 10 hermanos que quisieron de esa manera homenajear a su padre Don Enrique Domingo Coarasa, quien había logrado recuperar el predio que perteneció a la familia desde 1880, y que años antes había sido fagocitado por las deudas y las crisis. En la década del '90, Don Coarasa pudo adquirir esa vivienda familiar, que estaba totalmente abandonada: Pero fueron sus hijos los que se lanzaron, después de que Enrique falleció, buscaron darle un destino distinto y emprender esta aventura para honrar su memoria.


Así lo cuenta Lucas Coarasa, uno de los 10 hermanos: "En los '90 mi padre reescribe la historia de ese lugar. Volviendo a tomar posesión de ese espacio que estaba en esas condiciones de abandono. Es así, como nace la idea del restaurante como un homenaje a la memoria de mi viejo, que no llega a ver nada de todo eso. Nosotros, sus hijos con nuestros hijos, o sea sus nietos, armamos en al año 2011 este restaurante, jugando a que teníamos un lugar para hacer comidas, las comidas que papá siempre nos hacía a nosotros, y compartí en familia todo eso. Y así que armamos el restaurante".